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Hace muchos años, en un programa televisado por cable, Cheech Marín, del famoso dúo Cheech & Chong, fue anfitrión de un especial de comedia que presentaba a comediantes latinos. El programa incluía a nuevos comediantes prometedores, al igual que comediantes que ya estaban establecidos. Mis memorias de ese especial son imprecisas, pero un ensayo en particular se ha quedado vivo en mi memoria. Una versión hispana de Moisés, cargando con él las tablas sagradas inscritas con los Mandamientos de Dios, empezó a contar la historia de como él había guiado a las tribus latinas a la Tierra Prometida: los Estados Unidos. Uno por uno, este Moisés latino empezó a nombrar las diferentes nacionalidades latina-americanas que las habían seguido como si fueran las tribus de Israel. La lista contenía los países usuales, y él contaba chistes mientras que leía los nombres, indicando a su izquierda a las masas imaginarias detrás de él. Yo escuchaba la lista, esperando que Cuba fuera a ser nombrado y ya cuando pensé que lo iba a ignorar, el señaló a su derecha y dijo, “…y a mi derecha, tenemos la tribu de Cuba.” La audiencia se rió y aplaudió; siendo mayormente latina, entendió el chiste. Los cubanos, se dice muy a menudo, no son como el resto de los latinos—todos son derechistas.

   Todos los chistes requieren alguna verdad para poder ser realmente cómicos y hasta cierto punto, el chiste sí indicó la propensión del pueblo cubano exiliado de pertenecer al derecho del ámbito político. En comparación, la mayoría del resto de la comunidad latina tiende más a apoyar a la izquierda. Aunque el chiste quizás intentara exagerar las tendencias de apoyar a la derecha de la comunidad exiliada cubana, esa percepción extrema ha sido el forraje de mucho de la malevolencia dirigida a los exiliados cubanos por los demás en la comunidad latina inmigrante.

    Aunque yo nací en los Estados Unidos—mis padres lograron escaparse de la dictadura en el año 1961—mi madre y mi padre me criaron como si nuestra familia todavía viviera en la isla. No fue hasta que yo llegué a una edad cuando podía entender la diferencia que me di de cuenta de que yo no había nacido en Cuba. Este conocimiento realmente afectó poco mi identidad como cubano. Cuando era un niño pequeño, mis familiares nacidos en Cuba me llamaban “el americanito,” pero mi crianza, y la cultura que me rodeaba durante mi niñez, me hizo sentir tan cubano como el arroz blanco con frijoles negros. Haber sido criado en Miami durante los años 60 y 70 rodeado de cubanos exiliados, yo nunca me di cuenta totalmente de las diferencias vastas entre los cubanos exiliados y el resto de los inmigrantes latinos en este país hasta que llegué a ser adulto. Fue en aquel entonces, durante mis tratos con las muchas nacionalidades latinas que existen aquí en el sur de la Florida y otras partes de este país que noté que no sólo somos distintos de nuestros primos latinos en cuenta a la política, pero ellos tampoco nos consideran de una manera favorable. Al principio, lo encontré difícil entender las razones por la animosidad que muchos latinos sentían hacia la comunidad cubana exiliada. Hablábamos el mismo idioma, comíamos comidas similares, compartíamos muchas de las costumbres culturales, y éramos todos considerados hispanos por la comunidad norteamericana. Uno pensaría que un grupo, aunque internamente diversificado, se uniera basada en la inmensa cantidad de cosas semejantes que comparten. Pero, mientras que yo viajaba por este gran país que todos hemos adoptado como nuestra nueva patria, y llegué a conocer a hispanos de muchos lugares diferentes, un comentario se repetía continuamente: “Para cubano, no eres mala persona.” Cuando pedía clarificación, me ofrecían diferente racionalizaciones basadas en cualquier cosa desde experiencias personales hasta cuentos que habían oído hablar. Al final, todas estas explicaciones compartían una percepción común—los cubanos exiliados son un grupo arrogante que piensan que se merecen tratamiento especial. Lo bien o lo mal que articulaban sus puntos de vista no importaba, nunca fallaba de asombrarme que mis compañeros latinos nos pudieran considerar de tal manera.

    Sin sentir el mismo desdén hacia mi homólogos hispanos, empecé a investigar más profundamente las diferencias entre nosotros y me di cuenta de que la cultura cubana tiene una dinámica que pocos de nuestros primos hispanos comparten—nosotros despreciamos el comunismo y los comunistas. La ideología comunista, y los comunistas que lo llevan a cabo, son responsables por la violación y el pillaje de nuestra anteriormente gran isla-nación. Por alguna rara razón, parece que muchos inmigrantes latinos no comprenden qué malvado el comunismo es y cómo tiene la capacidad de destruir sus países y sus familias. No tendrían que buscar mucho para despedir de cualquier duda que tuviesen que el comunismo es responsable por actos tan siniestros. Las millones de vidas cubanas destruidas por el comunismo y las decenas de miles que han muerto combatiéndolo es más que prueba adecuada. Sin embargo, es aparente que muchos no han tomado el tiempo de examinar las atrocidades que le han caído a la nación de Cuba. Las fotos de las recientes manifestaciones contra la política actual de inmigración estadounidense enseñan muchos de nuestros hermanos hispanos vestidos de camisetas impresas con la imagen de Ché Guevara como si él fuera algo más que un asesino pandillero interesado solamente en el poder total, la destrucción, y la muerte. A veces me pregunto que si estas personas se dan cuenta de que si su venerado Ché estuviera vivo hoy, el no tendría ningún prejuicio en poner un revolver detrás de las cabezas y meterles un balazo si ellos se atrevieran a expresar una opinión contraria a la de él.

    Derechistas: Ése era el propósito del chiste del Moisés latino y una indicación equitativa de cómo los cubanos exiliados son caracterizados por muchos de los inmigrantes latinos en este país. Después de todo, los cubanos exiliados vinieron a este país huyendo de la dictadura comunista e izquierdista que destruyó su isla-nación. La mayoría de los otros inmigrantes latinos vinieron a este país huyendo de la pobreza y la calamidad causada por gobiernos corruptos. Pero todavía muchos de ellos piensan que un sistema de gobierno socialista/comunista es la cura para las enfermedades sociales y económicas de sus países. Ellos ignoran los efectos espantosos que tal sistema ha tenido en Cuba, una nación anteriormente próspera que en la época prerrevolucionaria tenía un nivel de vida que rivalizaba el nivel de los Estados Unidos y Europa del occidente. Los cubanos exiliados, con buena razón, son cautelosos de cualquier gobierno izquierdista—sea comunista extremo o seudo-socialista—donde muchos inmigrantes latinos creen que un gobierno izquierdista es la panacea por sus naciones sufrientes. Esta diferencia en filosofías, en combinación con otras razones socio-económicas, es la quebradura que mantiene los cubanos exiliados excluidos del “club” de los inmigrantes latinos. Realmente, con los millones y millones de latinos en este país, sería injusto ponerlos todos en el mismo saco; la mayoría de ellos, estoy seguro, detestarían el gobierno cubano actual tanto como detestarían cualquier régimen represivo, si fuesen enterados de los hechos. En realidad, yo he conocido a muchos latinos que no son cubanos, algunos de ellos se han convertidos en buenos amigos que han tomado el tiempo de investigar las verdades detrás del comunismo y han desarrollado correctamente una aversión por el comunismo y su proclividad hacia la muerte y la destrucción. Por lo que he visto, sus ideales nunca se podrían caracterizar como izquierdistas.

    Aunque yo creo que la mayoría de los latinos que viven en los Estados Unidos, si supieran la verdad, no estarían de acuerdo con la dictadura represiva que ha mantenido a Cuba encadenada desde el año 1959, es difícil encontrar muestras de este desacuerdo entre los líderes latinos que han subido a prominencia en los Estados Unidos. Estos líderes que cuando hablan tienen las cámaras y los micrófonos dirigidas hacia ellos son ostensiblemente la voz de la comunidad hispana que ellos representan. La comunidad hispana depende de sus líderes para defender sus derechos y sus intereses y suponen que la información que se le está presentado es la verdad, sin ninguna predisposición política. Muchos de estos líderes son seres educados con varios doctorados y profesores de universidades como miembros del grupo y no pueden pretender ignorancia. Ellos no intentan ocultar sus principios izquierdistas, pero algunos han tomado un paso más y han decidido defender un régimen opresivo. Cuando se les hacen preguntas sobre el estado horrible de la vida en Cuba, algunos de estos líderes culpan al embargo de los Estados Unidos, ignorando completamente el hecho de que la dictadura comunista está libre de negociar con el resto del mundo—y lo hace. Quizás deben considerar la realidad que el gobierno de Cuba es un mal riesgo de crédito, que regularmente falla en pagar sus préstamos extranjeros y ha recurrido a rentar a sus ciudadanos (una manera bonita de decir esclavitud) a gobiernos extranjeros como labor barata para procurar el dinero que los otros gobiernos extranjeros han parado de prestarle. Desde los doctores mandados a Venezuela en cambio de petróleo, hasta los pobres trabajadores de astillero mandados a Curaçao para trabajar turnos de 16-horas, pagados una miseria de $16 mensualmente por el gobierno cubano (una fracción de lo que le cobra el gobierno al astillero), el régimen continúa vendiendo las labores de sus ciudadanos en el mercado libre al que le ofrezca el mayor pago. Los representantes de la comunidad latina en los Estados Unidos, que profesan preocuparse con el mejor interés de todos los latinos, han llegado hasta visitar al auto-apuntado dictador y alabarlo por sus maravillas de educación y el sistema de salud. No importa que los beneficiarios de estas alegadas maravillas sólamente puedan leer los libros aprobados por el gobierno y se arriesguen encarcelamiento si los agarran con libros tales como la autobiografía de Martin Luther King, o la novela “Finca de Animales” por George Orwell. El sistema de salud gratuito que elogian tan tiernamente equivale a los sistemas de muchas naciones bien desarrolladas, pero solamente si uno tiene la buena fortuna de ser oficial de alto rango en el gobierno o parte de su familia. La asquerosidad y las malas condiciones higiénicas están esperando a los que no tienen las conexiones políticas para poder procurar servicios hospitalarios modernos, dejándolos con hospitales y clínicas que están en condiciones horríficas y que hacen que algunos hospitales en el tercer mundo aparezcan como el de John Hopkins en Baltimore. No es sólamente que hay una falta de la medicina más básica (un artículo que no es parte del embargo americano), pero los pacientes también tienen que llevar sus propias sábanas y almohadas para tapar las camas decrepitas que nosotros en los Estados Unidos no consideraríamos aceptables en un depósito de cadáveres.

photo: therealcuba.com

    Desafortunadamente, la imagen presentada a la comunidad latina en este país por sus líderes es que Cuba es un gran sistema de sociedad que no puede completamente desarrollarse por culpa del embargo americano arcaíco. Si uno combina este mensaje falso con la realidad que raramente, si acaso, estos hechos son reportados por los periódicos y los canales de televisión corriente y habrá una inmensa comunidad latina formando una opinión basada en la desinformación combinada con la falta de información. Los cubanos exiliados, por experiencia, pueden ver más alla de la charada interpretada ahora por casi cinco décadas por el dictador despótico que ha esclavizado una nación entera con la ayuda alistada de los liberales elites por todas partes del mundo. Usted y yo los conocemos como actores, artistas, escritores, líderes políticos, y otros miembros de la aristocracia liberal, pero los soviéticos les dieron otro nombre: idiotas útiles. Con la ayuda de ellos, el dictador de Cuba ha podido continuar su acto mágico con subterfugio, haciendo que su gobierno represivo que ha desmontado todas las libertades civiles de sus ciudadanos luzca como un gran avance en la evolución social. Quizás ellos todavía se mantengan agarrados a la promesa fábula de una sociedad utópica que la ideología socialista/comunista les prometió pero nunca ha llegado a realizar. Cualquiera que sea la razón por esta duplicidad, las hipocresías de ellos, continuamente pasada por alta en favor del “bien más alto,” registran en sus mentes desinformadas o peor todavía, sus mentes informadas, como algo más importante que las libertades individuales de los más de once-millones de seres humanos que sufren en Cuba. 

    Las diferencias de filosofía que existen entre los cubanos exiliados y los inmigrantes latinos son vastas y parecen insuperables; no importa lo tanto que se discutan o se usen difamaciones, nada cambiará nuestras opiniones respectivas. Otros latinos siempre nos mirarán como las ovejas negras de la América Latina—fuera de lugar y fuera de paso. Una noción común que he oído expresar regularmente por latinos que no son cubanos en programas de noticias, páginas editoriales, y los blogs cibernéticos, es que los cubanos exiliados son un vestigio del dictador fascista expulsado de Cuba, Fulgencio Batista, y que ellos solamente quieren regresar la isla a su pasado derechista como una seudo-colonia de los Estados Unidos. Esas personas que creen y propugnan tal tontería no sólo son estudiantes pobres de la historia cubana, pero también le faltan ver la absurdidad de tal noción. Las dictaduras, que sean de la derecha o la izquierda, son opresivas por naturaleza y a pesar de lo que los partidarios extranjeros y sus colaboradores piensen o proclamen, nunca logran convertir las masas de sus pueblos en seguidores fieles. La única lealtad que un dictador puede esperar tener—sin la ayuda convincente de una escopeta—viene de los que son complicitos con la dictadura y sacan provecho de ella. En Cuba, sin embargo, no sólo Batista y sus cómplices huyeron de la isla, sino que se fueron muchos otros, incluso doctores, artistas, abogados, taxistas, profesores, oficinistas, trabajadores de fabrica, y miembros de cada otra clase social y económica. Más de un millón de cubanos han huido de la isla desde el año 1959 y decir que estos exiliados, que representan una gama completa de la nación social y económicamente, fueron todos colaboradores con la dictadura de Batista enseña tal vez una ignorancia completa de la historia o aún peor, una complicidad con el régimen asesino.

    Similar a la revolución bolshevista que supuestamente iba a liberar al pueblo ruso del reino monárquico de los zares, en fin terminó en esclavizarlos y llevarlas hasta más misería y también muerte. Muchos rusos murieron de hambre y fueron asesinados bajo el reino insensible y cruel de los zares, pero esos números no comparan con los 25-millones que perecieron sólamente a manos de la dictadura comunista de Stalin. La historia ahora nos ha enseñado que Batista, con todos sus defectos y corrupciones proliferadas, era un bebé al seno de su madre en comparación con el dictador que lo reemplazó, prometiendo igualdad y la eliminación de la corrupción. En retrospectiva, la historia política de Cuba antes del año 1959 siempre fue volátil y cuando la revolución triunfante rodeó por las calles de la Habana el primero de enero, 1959, no significó nada más al pueblo cubano que el fin del previo capítulo de la historia cubana y el comienzo, con la esperanza que fuera mejor, del nuevo capítulo. Hasta aquel momento, todos los capítulos habían sido relativamente breves; nadie esperaba que el nuevo capítulo fuera a durar casi medio siglo, sus páginas impresas con la sangre de los hombres, mujeres, y niños inocentes que perdieron sus vidas a manos de la “revolución.” Algunos analistas han estimado la cantidad de muertes atribuidas a este régimen totalitario a más allá de 100,000 cuando se incluyen esas personas perdidas en el mar, tratando de escaparse de la prisión isleña. Es todavía otra lección que los líderes latinos han fallado en aprender; tengan cuidado con lo que desean, podría ser que lo logran. Venezuela está al borde de caer en la misma trampa que destruyó las libertades de Cuba, sin embargo, pocos reconocen las semejanzas. Los hechos históricos evidentemente son ignorados a favor de la fantasía utópica que se puede decir que ha sido la causa de más sufrimiento y muerte que cualquier otro movimiento político en la historia moderna (Stalin, Mao, Pol Pot, y Kim Jong Il inmediatamente vienen a la mente). El número de víctimas que el comunismo ha quitado de la humanidad es enorme y es difícil entender como alguien todavía podría creer que es una alternativa factible.

    Otro tema que causa escisión entre los cubanos exiliados y los inmigrantes latinos tiene que ver con la Ley de Ajuste Cubano. Promulgada en noviembre del año 1966 por el congreso americano, les da una ruta acelerada a la ciudadanía estadounidense a los refugiados cubanos; un derecho dado a ninguna otra clase de inmigrante. Yo puedo entender la consternación que otros latinos sienten, especialmente los millones de mexicanos que han llegado a los Estados Unidos ilegalmente, buscando una vida mejor para ellos mismos y sus familias, pero la razón por esta ley no es favoritismo hacia los cubanos. Cualquier inmigrante, sino importa el país de donde venga, tiene el derecho de pedir asilo político en los Estados Unidos si él o ella puede comprobar que están huyendo de la persecución política. Durante la guerra fría, muchas personas se escaparon de países del bloc soviético y se les concedió asilo político. Aunque la Ley de Ajuste Cubano le parezca injusto a nuestros primos latinos, la verdad es que son muy pocos los que enfrentarían persecución política si fueran deportados a sus países. 

 

    Casi todos los cubanos que han llegado aquí a los Estados Unidos desde el año 1959 han tenido que o arriesgar sus vidas en un escape audaz o han pedido una visa de salida y han sufrido persecución y humillación. Lejos de estar más seguro que navegar los estrechos de la Florida en una balsa improvisada, estas personas desafortunadas, al pedir sus visas de salida de las autoridades cubanas, son inmediatamente botadas de sus trabajos y sus libretas de raciones son confiscadas, eliminando el acceso a la poca comida que el gobierno les provee. El Ministerio del Interior del gobierno—la versión comunista cubana del KGB—entonces inicia la vigilancia de estos “subversivos” para entorpecer su habilidad en conseguir comida y otras necesidades por la bolsa negra. Dejados a defenderse solos en cualquier manera que puedan, estas personas raramente salen de sus casas por miedo de ser abordados por los tristemente célebres “actos de repudio” hechos por brigadas criminales cuyo único objetivo es intimidar, humillar, y golpear a estos “traidores desagradecidos.” El otorgar de una visa de salida por las autoridades cubanas se puede tomar, sin razón, desde un par de meses hasta varios años, dejando estos individuos en un estado de limbo sin saber de dónde vendrá su próxima comida. Con la política “Pie Mojado-Pie Seco” promulgada por la administración de Clinton, han habido miles de refugiados cubanos capturados en la alta mar por las autoridades estadounidenses y devueltos a la isla. Si el simple acto de pedir permiso para salir de su “paraíso de trabajadores” es contestado con persecución, uno se puede imaginar como tratan a los que intentaron escaparse y fueron devueltos. Al ser regresados a las autoridades cubanas, estos prófugos son inmediatamente puestos en la cárcel por lo que puede ser unos días, semanas o meses. Cuando eventualmente los liberan de la cárcel, son permitidos unirse a la población general, pero ahora tienen que llevar en las frentes la proverbial letra escarlata “T” por traidor. Con sus permisos de trabajar permanentemente anulados, solo les quedan trabajos esporádicos y la bolsa negra para poder conseguir dinero para comprar comida, ropa, y cualquier otro artículo necesario. Todos los días ellos se despiertan para enfrentarse con una batalla interminable para sobrevivir mientras que corren el riesgo de ser arrestados y sufrir condenas largas de encarcelamiento con cada trabajo clandestino que encuentran y cada compra clandestina de comida y necesidades que hacen. Todas estas cosas pasan en una sociedad que supuestamente adhiere a los principios marxistas que dicen a todos según sus necesidades. Estas necesidades, obviamente, son superadas por las necesidades del estado que encuentra el requerimiento de mantener el poder absoluto más importante que las libertades civiles de sus ciudadanos. No hay otro país latino americano que tenga un gobierno que rutinariamente persigue a sus ciudadanos por querer ser libres, aunque Venezuela, bajo Hugo Chávez, se está moviendo en esa dirección rápidamente.

    Si les pudiera ofrecer algún consuelo a mis primos inmigrantes latinos, honestamente les puedo decir que mi deseo sería que no hubiera ninguna necesidad de tener la ley del Ajuste Cubano y que todos los cubanos fueran libres para salir de Cuba a su cuenta como todos los otros ciudadanos de los otros países en latina américa pueden hacer y lo hacen. No es mi intención minusvalorar la lucha de los que están batallando con diligencia para adquirir un estatus legal en este país, pero por lo difícil y lo desalentador su tarea les parece, imagínense lo más agotador que sería si les esperara una pena de encarcelamiento si fracasaran.

    Los cubanos ya se enfrentan con una batalla ardua con un mundo que se niega ver las atrocidades de su gobierno comunista, y esa lucha es mas dañosa cuando el mundo desinformado continúa dándole ayuda y sigue defendiendo a los asesinos que saquearan un país que era grande y autosuficiente. La indiferencia mostrada por los otros latinos hacia la situación apremiante de los cubanos es dolorosa en sí mismo, pero cuando algunos de ellos van más allá para aplaudir al dictador comunista y sus esbirros, eso mete el puñal más profundamente en nuestras espaldas. Podríamos tener muchas diferencias con otros inmigrantes latinos, tantos culturales como políticas, pero eso no perdona su apoyo a un gobierno que ha matado a nuestros padres, nuestras madres, nuestros hijos, nuestras hijas, nuestras hermanas, y nuestros hermanos. Si uno quiere discutir la política estadounidense de la inmigración, o los presuntos méritos del socialismo, nos podemos sentar juntos, disfrutar de una tacita de café, y tener una discusión amable. Quizás me pudiera ofrecer un perspectivo que yo nunca había contemplado, y quizás yo pudiera hacer lo mismo. Así y todo, tenga la sensibilidad del hecho que sus primos cubanos han sufrido por casi medio siglo por culpa de un dictador que ha usado el comunismo para destruir el país y la cultura de ellos. Todos nosotros hemos tenido la buena fortuna de inmigrar a un país que nos permite la libertad política para expresar nuestros pensamientos sin miedo de persecución. Pero manténganse esto en mente la próxima vez que quiere ejercer su derecho de expresión libre y ponerse su camiseta de Ché Guevara, o decirle a alguien que el dictador de Cuba no es tan malo como lo describen los cubanos exiliados: Decenas de miles de hombres, mujeres, y niños han muertos por culpa del dictador cubano y su cómplice que usted celebra en su camiseta. La muerte no distingue entre la izquierda y la derecha—simplemente mata, y es simplemente incorrecto.

 

 
 
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© 2007 Alberto de la Cruz

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